Hace mucho tiempo hubo una cierta ciudad llena de gente ignorante y supersticiosa, que irritaba a los dioses por los ritos impíos y sacrílegos que llevaban a cabo, implicando crueldad y tortura horribles en la forma de entretenimientos y sacrificios.
Y entonces, los dioses se enojaron y enviaron a un hombre santo para prevenirles a que cambiaran su forma de vida. Pero salvo cinco o seis, nadie le escuchó, por lo cual fue a contarlo a los dioses, que en castigo, maldijeron a la ciudad de tal modo que todos sus habitantes (salvo los que escucharon al enviado), sus hijos, nietos, biznietos y todos sus descendientes fueron atacados por la ceguera.
Así, todos los habitantes de esa ciudad empezaron a perder la vista y los descendientes nacían ya ciegos, sin tener memoria ni conciencia de lo que quería decir ver. Pero los hijos y los hijos de sus hijos de los cinco o seis arrepentidos seguían naciendo con la visión perfecta, por lo que frecuentemente se levantaban grandes discusiones entre los ciegos congénitos y los que podían ver; y los primeros decían: “estáis locos, pues esa cosa a la que llamáis ver es toda imaginación y trampa sin sentido, no teniendo ningún fundamento, y nos habláis de ella sólo para daros importancia y aprovecharos de nosotros, que sin embargo somos más sensatos.”
Los videntes trataban de convencerlos por lógica y retórica, pero viendo que todos sus argumentos fallaban, dijeron: “muy bien, os convenceremos haciendo cosas que sois totalmente incapaces de hacer vosotros mismos”, lo que no era difícil, ya que al no estar impedidos por la ceguera, podían llevar a cabo hazañas que a los otros les eran imposibles. Pero de nuevo los ciegos dijeron: “esto no es una prueba, pues vuestras demostraciones no son sino trucos y malos artificios de charlatanes e impostores, así que al diablo con ellas, que no queremos oír más.”
Y entonces, al fin llegó el tiempo para la conclusión de la maldición, para tal fin apareció un extraño e imponente médico, que empezó a curar la ceguera aplicando un bálsamo a aquellos que deseaban ser curados, pero el resto, empezaron a tachar al médico de brujo con influencia maligna, y conspiraron contra él de forma que las autoridades le expulsaron de la ciudad.
Al ver esto los dioses se dijeron: "la maldición que infligimos sobre estos estúpidos ciudadanos, con el fin de castigarles y apartarlos de su infame camino, ha concluido, pero si ellos escogen provocarse una segunda maldición en la forma de fanatismo y necedad, ese es su problema, no el nuestro."
Desde entonces, esa ciudad permaneció atacada por la ceguera por otras dos generaciones, y habría continuado así hasta hoy, a no ser porque esos pocos iluminados que fueron curados trajeron, por compasión de sus compañeros, al médico y a otros muchos como él, que les devolvió a todos las facultades que habían perdido en el origen.



3 comentarios:
Muy bonito. Tu historia termina bien, despues de dos generaciones. La sensatez aparece al fin. Sensatez para unos, para otros no, siempre es asi. Pero aqui, en este planeta perdido, sigue la ceguera, no? Ay, que ciegos y perdidos estamos. Ojalá viniese un iluminati :) a darnos luz.
Un abrazo,
Así es, la ciudad no es otra que el mundo, y sus ciudadanos los habitantes de este planeta, que poseyeron en un tiempo los ojos para ver otras realidades distintas a la meramente material, pero por la avaricia y el materialismo, perdieron esas facultades y a excepción de algunas almas iluminadas y más altruistas, quedaron ciegos para ver más allá de sus limitados cuerpos.
Esperemos que el trabajo de esos iluminados o iluminati, como tu le llamas, empiece a dar sus frutos pronto, antes de que en su ceguera terminen por destruir el planeta que nos da la vida.
La semilla está sembrada, cuando llegue su tiempo germinará o se marchitará, eso depende de nosotros.
Un abrazo.
Black, Laika y yo te hemos dado el premio Calidez, por la calidez y harmonía que hay en tu blog, en los tres por supuesto. Espero que no te enfades, es delicado dar un premio de estos de cadena, pero no te sientas obligado de aceptarlo, cada uno es libre. Lo que me sabría mal es que lo aceptases por compromiso. Me gusta la franqueza, es una de mis prioridades en la vida. Que todos seamos lo que somos.
Que lo aceptes o no, de todas maneras Laika y yo disfrutamos mucho viniendo aqui. Por cierto, Laika envia un beso a Trufa.
Un abrazo,
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